
La tensión naval en el hemisferio occidental ha alcanzado un nuevo punto crítico este viernes. En una operación coordinada antes del amanecer, la Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur interceptó el petrolero Olina en el Caribe. Marines desplegados desde el portaaviones ‘USS Gerald R. Ford’ ejecutaron el abordaje bajo las órdenes del Comando Sur, enviando lo que Washington describe como un “mensaje claro” de que no habrá refugios seguros para quienes participen en actividades ilegales transnacionales.
Según ha confirmado la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, a través de su cuenta oficial en la red social X, el Olina es un petrolero perteneciente a la flota fantasma que había partido de Venezuela intentando evadir el bloqueo estadounidense.
“Los criminales del mundo están sobre aviso. Las flotas fantasma no podrán escapar de la justicia ni esconderse bajo falsas nacionalidades”, sentenció Noem en un mensaje que la Casa Blanca ha redifundido para subrayar su postura de fuerza. En el vídeo compartido por la secretaria, se puede observar el momento del abordaje y la toma de control del navío, una misión que Noem calificó como una demostración de estar “poseyendo el mar” (owning the sea).
El incidente del Marinera y el gesto de Trump
De forma paralela a la captura del Olina, se ha resuelto uno de los episodios más tensos de la semana en el Atlántico Norte. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado la liberación de dos tripulantes rusos que formaban parte del petrolero Marinera, capturado recientemente por la Guardia Costera. El Ministerio de Exteriores ruso ha agradecido públicamente la decisión de Trump, calificándola como una respuesta positiva a su solicitud formal.
Este movimiento diplomático llega después de que Rusia admitiera, en palabras del expresidente Dmitri Medvédev, que el buque cometió un “error” al intentar eludir el embargo petrolero a Venezuela. Medvédev reconoció que el petrolero recurrió a una bandera provisional de Rusia para protegerse de las sanciones estadounidenses , una táctica que el político ruso calificó como un “método no del todo adecuado”.
La flota fantasma y la guerra de banderas
El caso del Marinera ilustra los extremos a los que está llegando la denominada flota fantasma para exportar crudo. Durante una persecución que comenzó en diciembre, la tripulación llegó a pintar una bandera rusa en el costado del navío y modificó su matrícula y nombre en alta mar para evitar el abordaje. Aunque Moscú llegó a presentar una nota de protesta y se especuló con la movilización de un submarino para escoltar el buque, finalmente ha optado por una vía de distensión ante la evidencia de las maniobras ilegales del navío.
Mientras tanto, en el Caribe, el Gobierno estadounidense mantiene una presión asfixiante sobre cualquier tráfico que pueda estar vinculado al entorno de Nicolás Maduro, quien fue detenido hace apenas una semana en Caracas. La operación contra el Olina se desarrolló sin resistencia, aunque las autoridades no han precisado todavía el número de detenidos ni el origen exacto de la carga.
Tensión en aumento bajo el mando de Trump
Estas acciones se enmarcan en la agresiva política exterior de la administración Trump, que utiliza el despliegue militar del Departamento de Defensa y de Seguridad Nacional para controlar las rutas comerciales del Atlántico. A pesar de los ataques frontales a la flota fantasma rusa, el gesto de liberar a los marinos sugiere que Washington busca mantener ciertos canales de comunicación abiertos con Vladímir Putin, quien por ahora guarda silencio sobre la captura de sus ciudadanos y la situación en Venezuela.
La comunidad internacional observa con preocupación este despliegue de fuerza en aguas internacionales, donde el uso de internet para el seguimiento satelital de buques se ha convertido en una herramienta de guerra fría moderna. Por ahora, el ‘Marinera’ permanece bajo custodia estadounidense, mientras Rusia coordina el retorno de sus ciudadanos tras lo que ha terminado reconociendo como una maniobra fallida para saltarse el bloqueo.
