
La situación se ha convertido en un elemento clave para la estabilidad económica de Cuba, que atraviesa una profunda crisis marcada por la escasez de energía, los apagones prolongados y las dificultades en el abastecimiento de bienes básicos. Según un análisis del periódico estadounidense ‘The Wall Street Journal’, el Gobierno cubano considera estratégica la continuidad del Ejecutivo venezolano debido a su dependencia del petróleo procedente de ese país.
Desde 1999, con la llegada de Hugo Chávez al poder, Venezuela comenzó a suministrar crudo a Cuba en condiciones preferentes. Durante los años de mayor volumen, los envíos alcanzaron cerca de 100.000 barriles diarios, dentro de un esquema de cooperación que incluía el envío de personal sanitario, deportivo y técnico cubano a territorio venezolano. Con el paso del tiempo, este flujo se ha reducido de forma significativa.
En la actualidad, los envíos de petróleo venezolano se sitúan en torno a los 30.000 barriles diarios, lo que representa aproximadamente el 40% de las importaciones energéticas de Cuba. La caída del suministro ha incrementado la vulnerabilidad del sistema eléctrico de la isla, cuya producción interna resulta insuficiente. Las aportaciones de otros socios, como México o Rusia, no han compensado el descenso, lo que ha derivado en cortes de electricidad frecuentes y un deterioro de las condiciones de vida.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reafirmó el pasado sábado la importancia de la relación con Venezuela durante una protesta frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, en la que subrayó la disposición del Gobierno a mantener la alianza bilateral.
En paralelo, recientes acontecimientos en Venezuela han tenido repercusiones directas para Cuba. El expresidente estadounidense, Donald Trump, afirmó en declaraciones al ‘New York Post’ que ciudadanos cubanos habrían muerto durante una operación en territorio venezolano. Posteriormente, las autoridades de La Habana confirmaron el fallecimiento de 32 ciudadanos cubanos, en lo que describieron como una consecuencia de la intervención.
Diversas fuentes diplomáticas han señalado en los últimos años la presencia de personal cubano en tareas de asesoramiento y seguridad en Venezuela, una cooperación que se intensificó tras el colapso de la Unión Soviética, cuando Caracas pasó a ser el principal respaldo económico de la isla. Durante ese periodo, los intercambios entre ambos países incluyeron apoyo energético y asistencia técnica en distintos ámbitos.
Tras la muerte de Hugo Chávez en 2013, Cuba declaró duelo oficial y reforzó el simbolismo de la relación bilateral, que durante años se tradujo en una estrecha cooperación política y económica. Sin embargo, esta asociación enfrenta ahora una presión creciente por el endurecimiento de la política de Estados Unidos hacia la región durante el segundo mandato de Trump, que ha reiterado su intención de no tolerar gobiernos contrarios a sus intereses en el hemisferio occidental.
Analistas citados por medios internacionales advierten de que el desenlace de la situación en Venezuela podría tener consecuencias directas para Cuba, que ya afronta apagones prolongados, escasez de alimentos y un sistema energético en deterioro. En este contexto, el futuro de la alianza con Caracas aparece como un factor determinante para el grado de aislamiento económico y político de la isla en los próximos meses.
Una dependencia energética y financiera mayor que en el pasado
Rogelio Núñez, investigador sénior no residente del Instituto Elcano y profesor universitario, explica que la dependencia de Cuba del petróleo venezolano es hoy mayor que en años anteriores, aunque el volumen de crudo recibido sea menor. Señala que la razón es “muy sencilla”: ese petróleo no solo se utiliza para el suministro energético interno, sino que durante años una parte relevante se revendía en los mercados internacionales. Esa reventa permitía a La Habana obtener ingresos financieros en un contexto de “insuficiencia financiera crónica”, ingresos que desaparecieron cuando Estados Unidos intensificó las interceptaciones y sanciones.
Núñez subraya que la ruptura del suministro venezolano tiene un doble impacto: por un lado, el energético, y por otro, la pérdida de ese “tejemaneje”, como él mismo lo denomina, de venta de crudo en el exterior. Añade que México ha intentado cubrir parte del vacío, pero aclara que ese suministro no sustituye lo que antes llegaba desde Venezuela, que rondaba, según sus cálculos, al menos los 50.000 barriles diarios. Además, considera “prácticamente seguro” que una de las líneas de presión de Donald Trump hacia México será forzar la desaparición de ese apoyo energético a Cuba.
Sin alternativas reales en el corto plazo
En la coyuntura actual, Núñez descarta que Cuba pueda encontrar alternativas reales en el corto plazo. Recuerda que en el pasado existía cierta capacidad de influencia de Venezuela y de la propia Cuba en el Caribe, y que algunos países de la región podían ayudar con suministros. Sin embargo, afirma que hoy el Caribe es, “si se permite la expresión, un lago de Estados Unidos”. Países como Trinidad y Tobago, Surinam o Guyana no estarían dispuestos a auxiliar a La Habana, especialmente cuando el foco principal ha sido Venezuela y, “en un segundo plano, sin duda”, Cuba.
Desde su punto de vista, la situación es clara: sin un aliado energético como Venezuela, Cuba se enfrenta a un escenario de colapso en cuestión de meses. Núñez describe el contexto interno de la isla como una “multicrisis”: sanitaria, con la expansión de enfermedades como la chikungunya y el deterioro de un sistema de salud que hace décadas era uno de los más desarrollados de la región; energética, con apagones constantes que no solo afectan a la vida cotidiana, sino también a la producción económica; y económica, con una estructura ineficiente y un aumento acelerado de la pobreza.
De la URSS a Venezuela: los aliados que sostuvieron al régimen
El investigador recuerda que el régimen cubano ha sobrevivido históricamente gracias a dos factores: su capacidad represiva y la aparición de aliados externos. Ocurrió primero con la Unión Soviética y, tras el colapso de esta, con Venezuela, cuando en los años noventa la crisis parecía terminal. Ahora, sin ese respaldo y sin nuevos aliados geoestratégicos sólidos, la situación es, a su juicio, mucho más frágil.
Núñez concede especial importancia al componente geopolítico, incluso por encima del debate estrictamente petrolero. Considera que los acontecimientos recientes confirman en los hechos lo que ya se había anunciado en la teoría, especialmente en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Para él, el mensaje que Washington está enviando al mundo es claro: el hemisferio occidental, y en particular América Latina, constituye una esfera de influencia estadounidense. Interpreta este mensaje como dirigido sobre todo a China, incluso más que a Rusia, y se pregunta qué potencia se atreverá a desafiar abiertamente esa delimitación de esferas.
En cuanto al petróleo venezolano, Núñez reconoce que no es un experto técnico y remite a especialistas en energía para ese análisis. Aun así, insiste en que, a corto plazo, el crudo no es la variable decisiva, salvo que Estados Unidos esté pensando en un horizonte más largo. Señala que cualquier intento de explotar plenamente esos recursos exigiría inversiones multimillonarias y un grado de seguridad jurídica que hoy no está garantizado, incluso aunque el régimen venezolano haya sido descabezado. Gobernar un país “con control remoto”, afirma, es extremadamente complicado.
Advierte además de que Estados Unidos puede verse desbordado por la multiplicación de frentes internacionales, lo que limita su capacidad de gestión directa en todos los escenarios, incluida América Latina. En ese marco, vuelve a destacar que el verdadero valor estratégico de Venezuela no se limita al petróleo, sino también a otros recursos clave para el futuro, como determinadas materias primas vinculadas a los chips, la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías.
El freno a la expansión china en América Latina
Respecto a China, Núñez considera que sus inversiones en Venezuela y en América Latina no van a desaparecer de la noche a la mañana. Sin embargo, sostiene que la tendencia de expansión que llevaban se ha frenado. Estados Unidos y los países de la región no van a expulsar todas las inversiones chinas, pero sí se producirá un parón, especialmente en los sectores más delicados y estratégicos. En ese sentido, interpreta los acontecimientos como una barrera a la penetración china en áreas clave.
Sobre Rusia, Núñez cree que su papel en América Latina es limitado. A su juicio, Moscú utiliza la región principalmente para “hacer ruido” y generar problemas a Estados Unidos, pero no como un eje central de su política exterior. Con el conflicto de Ucrania como prioridad absoluta, descarta que Rusia vaya a implicarse de forma decisiva en la defensa del régimen venezolano. Salvo excepciones como Nicaragua, concluye, Rusia ha quedado en gran medida fuera de la ecuación en este escenario.
