
Europa atraviesa una de las semanas invernales más difíciles de los últimos años. La tormenta Goretti ha provocado fuertes nevadas, temperaturas gélidas y graves alteraciones del transporte en amplias zonas del continente. Más de diez personas han muerto en accidentes relacionados con el temporal, mientras países como Alemania se preparan para nuevas nevadas de hasta 20 centímetros, descritas por los ferrocarriles estatales como uno de los episodios meteorológicos más graves de los últimos años.
En Francia, la situación ha sido especialmente crítica en la región de París, donde las autoridades paralizaron 10.000 autobuses de 1.900 líneas. Miles de hogares se quedaron sin electricidad, el tráfico aéreo sufrió importantes cancelaciones y varios servicios ferroviarios quedaron suspendidos.
Las escenas de caos, colegios cerrados, carreteras colapsadas y peatones resbalando sobre el hielo, han reavivado un debate recurrente: ¿Está Europa suficientemente preparada para hacer frente a grandes tormentas de nieve?
Para analizar esta cuestión, ‘Euronews’ ha hablado con Patrick de Bellefeuille, destacado presentador canadiense del tiempo y especialista en climatología, que desde 1988 trabaja en MétéoMédia, la principal cadena meteorológica francófona de Canadá.
La anticipación como clave
Según de Bellefeuille, una de las grandes diferencias entre Europa y Canadá es la cultura de la anticipación. En regiones como Quebec o Montreal, explica, “las previsiones meteorológicas forman parte de la vida cotidiana” y la población las consulta de manera constante, lo que reduce el factor sorpresa cuando llega la nieve.
Esa preparación se traduce también en hábitos muy arraigados. En Canadá, señala, es habitual que los hogares cuenten con productos descongelantes, mientras que los vehículos suelen ir equipados con palas, baterías auxiliares, líquido limpiaparabrisas y productos antihielo. “Tener este equipo es normal; forma parte de la vida diaria“, subraya.
Infraestructuras y planificación pública
La anticipación no se limita al ámbito individual. Las autoridades municipales canadienses planifican con antelación la respuesta a tormentas de nieve o lluvias heladas, adaptando los materiales utilizados en calles y aceras según las condiciones. Cuando las temperaturas descienden por debajo de los –15°C, se emplean arena y grava; cerca del punto de congelación, se utilizan abrasivos a base de sal para derretir el hielo.
En Quebec, además, existe una legislación que obliga al uso de neumáticos de invierno entre el 1 de diciembre y el 15 de marzo, una medida que, según de Bellefeuille, “resuelve un gran problema”. El sistema educativo también contempla hasta cinco “días de nieve” al año, durante los cuales se suspenden las clases si las carreteras no son seguras para el transporte escolar.
Transporte aéreo: menos cancelaciones, más preparación
Aunque Canadá también sufre tormentas intensas durante varios meses al año, las cancelaciones aéreas son menos frecuentes. En el aeropuerto de Montreal, por ejemplo, existen amplios sistemas de deshielo capaces de atender varios aviones de forma simultánea, y las pistas se limpian continuamente con tractores equipados con cepillos giratorios que rascan el asfalto para evitar deslizamientos.
“Puede haber retrasos, pero para que se cancelen vuelos el tiempo tiene que ser realmente extremo”, explica de Bellefeuille. Una infraestructura que, según apunta, no siempre está disponible en ciudades europeas donde las grandes nevadas solo se producen unas pocas veces al año.
Consejos básicos y adaptación futura
Durante una tormenta invernal, el experto recomienda evitar desplazamientos innecesarios. “Si no tiene que salir, quédese en casa”, aconseja. En caso de conducir, insiste en reducir la velocidad y aumentar la distancia de frenado, mientras que para los peatones, especialmente las personas mayores, sugiere el uso de agarraderas de goma con pinzas en el calzado para evitar resbalones.
Más allá de la respuesta inmediata, de Bellefeuille advierte de que Europa podría enfrentarse a episodios extremos con mayor frecuencia en el futuro. El cambio climático, señala, está asociado a una mayor volatilidad: “Puede que perdamos temperaturas medias, pero conservemos las extremas”. Algunos estudios apuntan incluso a una posible ralentización de la corriente del Golfo debido al deshielo del Ártico.
“Europa tendrá que adaptarse”, concluye. “Habrá que acostumbrarse a golpes de frío más intensos”.
